01 agosto 2017

Premio Dedal

Así, al parecer, llamaban en La Codorniz al premio Nadal, por ser muchas las mujeres que lo habían ganado. La ocurrencia podría costarles hoy el secuestro de la publicación, como en sus mejores tiempos. Pero a Francisco Umbral le hacía gracia:

Esta generación [primera de posguerra] se caracteriza por su literatura realista (contra el “idealismo” de la prosa y la poesía oficial), luego socialrealista, y, como mal menor, por un provincianismo, un escribir “entre visillos” (de hogar burgués o de casa de p...), que explica bien la aparición de tanta literatura femenina, en su mayoría mediocre y llena de “ascuas de oro”, entre las autoras de la época y las ganadoras del Premio Nadal, que La Codorniz llegó a titular “Premio Dedal”, como se dice en otra entrada de este libro.

(En Diccionario de Literatura, s. v. “Generaciones”. Puntos suspensivos míos.)

Con el paraguas del antifranquismo da gusto, a que sí.








26 julio 2017

Responda el Estado, no yo

Interesante reflexión del rabino Jonathan Sacks, que explica bien muchas actitudes actuales.

Me llevó años dilucidar lo que había pasado [para que en Occidente se perdiera la conciencia de una responsabilidad moral personal]. La moralidad se había dividido en dos y se había externalizado a otras instituciones. Estaban las elecciones morales por un lado y las consecuencias de las elecciones morales por otro. La propia moralidad se había externalizado al mercado. El mercado nos proporciona elecciones, y la propia moralidad solo es un conjunto de elecciones donde lo que está bien o lo que está mal no significa nada más allá de la satisfacción o la frustración de un deseo. El resultado es que cada vez nos resulta más complicado entender por qué puede haber cosas que queremos hacer, que nos podemos permitir hacer, que tenemos derecho legal a hacer y que sin embargo no deberíamos hacer porque son injustas o deshonrosas o desleales o humillantes: en una palabra, poco éticas. La ética se había reducido a la economía.

En lo que respecta a las consecuencias de nuestras acciones, estas se habían externalizado al Estado. Las malas elecciones conducen a malos resultados: relaciones fallidas, niños descuidados, depresiones, vidas desperdiciadas. Pero el gobierno se encargaría de ello. Olvídese del matrimonio y del vínculo sagrado entre marido y mujer. Olvídese de que los niños necesitan un entorno humano de amor y seguridad. Olvídese de que necesitamos que las comunidades nos den apoyo en tiempo de necesidad. El bienestar se había externalizado al Estado. En cuanto a la conciencia, que antaño desempeñaba un papel tan importante en la vida moral, se podía externalizar a los organismos reguladores. De esta forma, al haber reducido las elecciones morales a una cuestión económica, habíamos transferido las consecuencias de nuestras acciones a la política.

(En Cuadernos de pensamiento político, 52)



24 julio 2017

Goldfinger

Es la única novela de James Bond* que he leído, y no tiene ni de lejos el atractivo de las películas, que es ante todo visual, como es sabido. A juzgar por lo que se ve en la tienda Kindle, casi nadie las lee hoy tampoco.

Aquí 007 se enfrenta a uno de esos villanos tan estrafalarios que casi no son humanos y por eso importa poco hacerlos pedacitos al final. Un obseso del oro, agorafóbico, que tiene la costumbre de pintar de dorado a sus amantes para hacerse la ilusión de que posee al precioso metal... y la exquisita idea de matar a una secretaria sospechosa pintándola hasta el último poro. Tuve que saltarme todo un capítulo, o más (cosa que no me gusta hacer), donde Fleming se dedica a narrar pormenorizadamente el partido de golf que disputan Bond y Goldfinger. La cosa es que Goldfinger quiere desvalijar Fort Knox y 007 mantiene con él el típico juego del ratón y el gato con escenarios a lo grande y chicas malas y glamurosas.

* ”...estaba sentado en el ultimo saloncito de espera del aeropuerto de Miami, meditando sobre la vida y la muerte. Matar formaba parte de su profesión. Nunca le había gustado hacerlo; cuando tenía que eliminar a alguien, lo hacía lo mejor posible, y enseguida se olvidaba de ello. Como agente secreto a quien se le había concedido el raro prefijo del doble 0 –que en el Servicio Secreto significaba licencia para matar–, tenía el deber de mirar la muerte con la misma frialdad que un cirujano.” Como se ve, nada fuera del alcance de Lou Carrigan o de alguno de estos autores de historietas de kiosco.


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19 julio 2017

"Novela paralítica"

Así llama Ortega* a En busca del tiempo perdido. Mola, ¿eh?


*Ideas sobre la novela, final del capítulo “Acción y contemplación”


12 julio 2017

Qué chasco, Blasco

Gonzalo Sobejano (Nietzsche en España, 1890-1970), caracteriza así Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez:

...descripción de la batalla del Marne, apología de los franceses (valientes, patriotas, liberales, espirituales, sensibles) y diatriba furibunda contra los alemanes (arrogantes, agresivos, vanagloriosos de su estéril “Kultur”, crueles, depredadores, borrachos y homosexuales).

Otro progresista que se me cae. Y otro libro para la hoguera del consenso LGBTIetc.

(Negrita mía)



07 julio 2017

Dos brindis bien distintos


Y yo buscando por todas partes la edición de Cartas del diablo a su sobrino que leí hace años, y poniendo en Google cartas diablo sobrino trieste carmen martín gaite. Pero no. No era la editorial Trieste ni Carmen Martín Gaite era la traductora. Esos datos corresponden a otro título de Lewis, Una pena observada. Gracias a Iberlibro descubro que la edición de marras era de Espasa-Calpe y su traductor Miguel Marías.

Y es este el que se lleva el mérito de haberme hecho disfrutar como un tonto con El diablo propone un brindis, el opúsculo de Lewis que iba de relleno y que describe en alta definición el espíritu de la Logse, mil años antes de que la parieran los del PSOE. Fue como un buen baño tras una caminata bajo el sol o como conducir por una carretera llena de curvas y sin camiones. Cuando la editorial Rialp lo publicó en volumen aparte ya no era lo mismo, algo fallaba, no llegaba al corazón. Experiencia parecida a la que tuve con Antígona, al pasar de la traducción de Labor a otras: el meollo de la tragedia quedaba oscurecido, perdía toda su gracia, no podía recomendarlas a los muchachos. Lo que puede un traductor...

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05 julio 2017

La nueva ciencia de la política

Cada vez que leo a pensadores alemanes pienso que habitan otra galaxia, desde Jünger hasta los lingüistas. Otra galaxia intelectual desde donde las cosas se ven de modo diferente, alternativo diríamos hoy, y en términos que a los mediterráneos nos resultan totalmente ajenos. He tardado en comprender, por ejemplo, que cuando Eric Voegelin habla de símbolos se refiere sencillamente a conceptos, o así creo haberlo entendido, a no ser que sus símbolos tengan un alcance mayor que el mero concepto. También puede ser cosa de la traducción, no sé...

Y es curioso, porque parte de la obra se dedica a la diferencia y la interacción entre la idea que una sociedad se hace de sí misma y la que de ella dan los politólogos. Pero si la obra es famosa es por su teoría, que se hace visible a partir del capítulo IV, según la cual la modernidad europea está definida por el predominio del gnosticismo, siendo gnósticos tanto el Renacimiento como la Ilustración y las formas políticas derivadas de ella, liberalismo y socialismo. Y son gnósticos por haber tratado de redivinizar el mundo, es decir, situar lo divino aquí abajo, absolutizar lo terreno, podríamos decir. Pero, por eso mismo, lejos de ser realistas, dibujan un mapa ideal del mundo en el que se mueven (como los pensadores alemanes, je, pero de otro modo) y mueven a los demás. Así,

...las sociedades gnósticas y sus líderes reconocerán los peligros que amenazan su existencia cuando estos aparezcan, pero no se los abordará con acciones apropiadas en el mundo de la realidad. En lugar de ello, se les hará frente con operaciones mágicas en el mundo soñado, tales como la desaprobación, la condena moral, declaraciones de intención, resoluciones, apelaciones a la opinión de la humanidad, caracterización de los enemigos como agresores, proscripción de la guerra, propaganda a favor de la paz mundial y un gobierno mundial, etc. La corrupción intelectual y moral que se manifiesta en la incorporación de tales operaciones mágicas puede invadir a la sociedad con la atmósfera extraña y fantasmal de un manicomio, como lo experimentamos en la crisis occidental.

Suena, ¿eh?

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