10 mayo 2018

Sin título

--¿Qué se siente al ser el único hombre que es feliz trabajando con su mujer?
--Uf... Esa pregunta es de un mal gusto...

Ya me cae mejor Javier Bardem.

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08 mayo 2018

La humildad es la verdad, II

Y debes tener presente, Mattie, que las personas fuertes se vuelven más fuertes, duras y encallecidas, y que, cuantos más años tienen, más confían en ellas los demás y más sabiduría adquieren, de modo que pueden afrontarlo casi todo y, como dice Janie, se las saben todas. –Apretó la mano de Mattie–. Sé que te preocupa que la deshonra del señor Amory pueda afectarme. Te diré algo que nunca diría a nadie más. Lo que le sucede al señor Amory no me afecta en absoluto. Es parte de una historia que he vivido desde hace mucho tiempo, una historia que apenas me afecta ni me conmueve. Es como un relato que estuviera leyendo..., algo que sucede muy lejos. No me afecta a mí, pero sí a la señora Stilham y a los chicos porque no saben cómo actuar ante eso, y yo no podría marcharme sabiendo que sufren. Necesitan alguien que les diga qué deben hacer, que los anime, que los ayude a ver las cosas con objetividad. ¿Entiendes lo que digo, Mattie? Estoy segura de que así es, porque también hay personas que recurren a ti. Si no fueses como eres, no le habrías dado a tu hermana dinero para que se viniera a Estados Unidos cuando su marido murió. No te habrías ofrecido a ayudar a tu prima Helga cuando tuvo problemas con el bebé. No cuidarías a una anciana como yo ni te preocuparías de si está fatigada o no. No irías todas las noches a la habitación de la cocinera para darle masajes en la espalda ni procurarías que ese galopín de Hicks esté libre los jueves, cuando su mujer va a visitar a su madre al manicomio. Claro que me entiendes. Y no importa que el cuerpo está cansado. Si nos traicionáramos a nosotras mismas, lo que habría no sería cansancio, sino destrucción. No podemos hacer nada. Dios no nos preguntó si queríamos esa responsabilidad. Simplemente nos la otorgó. ¿Verdad que lo entiendes, Mattie?

Susie Parkington, en Louis Bromfield, La señora Parkington



05 mayo 2018

Europa camina hacia la castidad.


Se pide cambiar el código penal para ampliar el concepto de violación, y hasta un ministro se siente obligado a decir que tal juez no estaba en sus cabales por no haber sido riguroso con unos presuntos. En las manifestaciones los únicos gritos que exigen muertes y mutilaciones sin suscitar escándalo son los que se profieren contra los agresores de mujeres. A este paso, nadie se atreverá ni a dar un pellizquito sin tener bien grabada en vídeo la sonrisa de satisfacción de la tipa, y aun así... Lo que digo: vamos en pendiente hacia la Ginebra calvinista. Cosas veredes.



28 abril 2018

La vuelta de Martín Fierro


Había leído la Ida en los años universitarios y una alusión del papa, en no sé qué ocasión, me metió la idea de que no estaría mal completar la lectura y emprender la Vuelta. No fue difícil, merced también a la estupenda introducción de Luis Sainz de Medrano (editorial Cátedra), recapitular los principales hechos de la primera parte, antes de que Martín Fierro cayera preso de los indios. Qué combate el suyo con el malvado pampa que maltrataba a la mujer y al niño. De cine. La sextilla inventada por Hernández resulta graciosa y eficaz y convierte la lectura en una delicia, sobre todo si haces, aunque sea en voz baja, esos diptongos de Sudamérica que aquí no lo son: asariados (“azareados”), cuerpiada (“cuerpeada”), el Criador... Y el encontrarte diptongaciones analógicas como ruempe o tiemple (rompe, temple), ah, eso ya es el nirvana.

En la curiosa estructura interna de esta Vuelta tenemos un inicio aventurero, unas narraciones que inciden en lo lírico y en lo moralizante y, al final, una payada. Es lo que más admiro de los gauchos, porque al parecer esto era real: esos combates poéticos entre gente ruda pero con talento para rimar... y sabiduría popular a espuertas. Me tengo que conformar con esta imitación literaria del Martín Fierro y con la fenomenal parodia de Les Luthiers, pero quién hubiera podido asistir a uno de esos combates reales.

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25 abril 2018

Relativismo


En La fe de nuestros padres, Valentí Puig cita a Roger Scruton:

El hombre que te dice que la verdad no existe te pide que no le creas. Así que no lo hagas.



22 abril 2018

La humildad es la verdad


Mira, Mattie, hace poco he descubierto algo. He tardado mucho tiempo en comprenderlo..., años. Es esto: Dios ha concedido fuerza e inteligencia a algunos. En cierto sentido, son los afortunados. La mayoría, en cambio, son necios, timoratos o eluden los problemas. Siempre acuden a los fuertes para descargar en ellos sus pesadumbres. He llegado a la conclusión de que debo de ser uno de los afortunados que pueden soportarlo casi todo. Es el precio que tengo que pagar por lo que Dios me ha dado... Y me ha dado mucho. No lo olvides... No importa lo que me haya sucedido en la vida. Si las personas como yo huyen, eluden su responsabilidad, y si eluden su responsabilidad les ocurre algo..., algo malo y destructivo. La fuerza las abandona. Si persisten en esa actitud, se destruyen a sí mismas porque hay una ley divina o natural que así lo establece. ¿No te das cuenta de que si huyera ahora... no habría descanso para mí? Sería desdichada siempre, porque pensaría en aquello de lo que había huido y me preocuparía lo que pudiera sucederles a Janie, a Jack, a la señora Stilham e incluso al señor Amory. Janie y Jack son demasiado jóvenes para saber cómo actuar si su padre fuera a la cárcel, y ni él ni la señora Stilham son lo bastante inteligentes para saber qué deben hacer. Ellos no tienen la culpa; Dios o la naturaleza no han sido generosos con ellos. Aunque yo no les diga lo que tienen que hacer, acudirán a mi como han hecho siempre ellos y otros muchos en cuanto se encuentran en un apuro. Porque hay una especie de ley que lo manda. No podemos hacer nada al respecto.

Susie Parkington, en Louis Bromfield, La señora Parkington, capítulo 9.



19 abril 2018

Huida

Buen documento en Radio Nacional sobre Zenobia Camprubí, mujer que debería estar ya en los altares.

En el Madrid rojo del 36 la vida de Juan Ramón estuvo en un hilo, una vez, una porque le confundieron con un fascista y siempre porque se le notaba su condición de señorito. Zenobia decidió que tenían que largarse. Dice una entrevistada, no recuerdo si de los herederos del poeta: “Yo no lo llamaría huida...”

Llamémoslo “discreta retirada”, pues.