12 abril 2011

Estado represivo y estado permisivo


La caza tiene mala imagen entre los ecologistas; la caza de animales, claro está, porque la caza de hombres les trae absolutamente sin cuidado. Un país donde el crimen tiene las manos libres tiene hoy día mejor imagen que otro país donde al crimen se le reprima como se merece. Llegamos así a una de las penas cuya abolición señala el paso de la sociedad represiva a la sociedad permisiva: la pena de muerte. Los abolicionistas de infantería, gente en su mayoría aún más ingenua que la tropa ecologista, sostienen que el Estado no puede ponerse a la altura del criminal, disponiendo libremente de la vida humana. Los que esto dicen olvidan que el Estado tiene una responsabilidad que no tiene el delincuente, que es la de proteger a sus súbditos o a sus ciudadanos contra la delincuencia. El Estado represivo -que daba más importancia a la libertad social que a la libertad política- entendía que la libertad de sus súbditos debía ser protegida con penas rigurosas, a las que atribuía no sólo un efecto disuasorio, sino algo mucho más real, un efecto de temor reverencial. El Estado es un monstruo que, cuando no infunde terror, mueve a risa. El Estado permisivo -que da más importancia a la libertad política que a la social, es decir, que le importa más la libertad en la teoría que en la práctica- pone en pie de igualdad a todos sus ciudadanos y procura, en nombre de la libertad, no hacer discriminación entre quienes cumplen la ley y quienes la quebrantan; lenifica o suprime las penas para estos últimos, y a los primeros les aconseja que se defiendan por sus propios medios, aunque, eso sí, si se exceden en la propia defensa, los castiga como si fuesen criminales. El Estado permisivo así, a primera vissta, hace estas cosas para hacerse simpático, para tener buena imagen y con ella inspirar amor, pero lo que consigue, por buena imagen que tenga de fronteras afuera, es ser el ogro de sus ciudadanos inofensivos y el hazmerreír de sus ciudadanos violentos.

Aquilino Duque, "El cazador y el libertino", en El suicidio de la modernidad

Pongan escuela donde dice Estado, y vara de avellano donde dice pena de muerte, y clavado, oigan.

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